martes, 22 de abril de 2014

Un nuevo camino


Arena, playa y sol, combinación perfecta para un primer día de vacaciones en la costa Granadina.

El agua del mar, tan deseada en la época invernal, y los anhelos de días de descanso, empezaban a tomar su forma cuando Sandra introducía sus muslos en el agua tibia de Salobreña.

Sensación de bienestar que avanzaba conforme la joven de figura atlética iba introduciendo su cuerpo en el cálido mar, que la iba envolviendo de un relax ansiado desde días atrás, desde meses atrás llenos de tensiones indescriptibles.

Aquella libertad mágica solo se la podía ofrecer el mar, pensaba mientras dejaba su cuerpo lánguido, flotando en calma, al antojo del vaivén de las olas.

De repente un calambre desde su tobillo recorrió todo su cuerpo, ardor y después quemazón.
Horrorizada, sintió como su musculatura se contraía y una enorme presión se apoderaba de sus extremidades.
Intentó gritar sin éxito, alcanzó a lanzar la mirada hacia la orilla, donde estaba su amiga del alma, su apoyo desde la infancia, y ahora sí , gritó y sintió como su cuerpo se hundía y el agua salada se introducía en sus pulmones, sin poder hacer nada, sin poder luchar por mantenerse a flote, perdía la visión.
Su conciencia duró pocos segundos.

La conocida avispa de mar, la medusa caja, la más peligrosa del mundo se había cruzado en su vida, para atraparla entre sus tentáculos, sus pies, tobillos, y brazo izquierdo,  yacían ligados a una pesadilla infernal.

Las voces del tumulto de gente en la orilla desparecieron dejando paso a un silencio pasmoso, con un eco intrigante.

Sandra no se había sentido tan ligera jamás, no había sentido nunca esa sensación volátil del cuerpo, ni siquiera cuando su padre la hacia girar y girar en sus brazos cuando era una niña.

Se encontró en medio de la nada, sostenida en la nada, y una voz al fondo interrumpió el silencio solemne.

-         Te estaba esperando Sandra, dijo la voz, comenzamos un nuevo camino.

Aquella voz le dejo la mente en blanco, tan en blanco como el silencio que invadía todo, tan en blanco como la ausencia de todo alrededor de ella misma.
 
 

 

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